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lunes, 22 de abril de 2013

Viva todavía...

Vaya por Dios, ¿todo este tiempo llevo sin escribir?
Pido perdón por haber dejado de visitar los blogs de mis amigas queridas, me puse a trabajar y de pronto mis días se redujeron a tres horas libres en las que tienen que caber dos paseos diarios con Indiana, la preparación de mi desayuno y comida del día siguiente, la preparación e ingesta de la cena de cada día, la previsión de la ropa que me podré al día siguiente... vamos, que estoy hecha una maquinita productiva como corresponde a alguien que nació y se crió en mi ciudad.

No todo es trabajo. Los fines de semana he ido al cine mucho más que en los últimos diez años; me he pegado un festín de películas de todos los niveles de calidad y he descubierto que dentro del cine, una vez que la luz se apaga, dejo de existir y soy capaz de sumergirme en esa trama y esas imágenes. Es como una droga que me hace olvidar todo por el tiempo que dura la película.

Al principio salir de la sala y volver a la realidad era muy duro. Poco a poco eso se ha ido matizando como suele suceder con todo en la vida.

Otra de mis novedades es que mis muelas de pronto comenzaron a desmoronarse. Eso sucede porque al dormir toda mi tensión se aloja en mis mandíbulas y la presión va resquebrajando las muelas... Uso desde hace tiempo una protección que en España se llama férula y acá se llama guarda, pero esa está también hecha polvo. Fui con la que era mi dentista antes de irme a vivir a España pero descubrí que en  mi ausencia se ha convertido en una mercenaria  que me hizo las cuentas del gran capitán (su presupuesto era mi sueldo de tres meses completito), y cuando le dije que estaba pasando una mala racha económica le dijo que no había problema  que ahorrara y cuando estuviera lista para el desembolso, que volviera...

Salí de allí llorando e imaginándome a mi misma desdentada. A los pocos días mi sobrina Fe se puso malísima de una muela infectada y un amigo suyo le recomendó a un dentista rehabilitador y la atendió tan bien que me decidí a probar suerte con él.

Un ángel resultó ser el tipo. Uno de esos pocos que andan por allí que se ponen en lugar del paciente y se ponen la mano en el corazón y no en el bolsillo. Me ofreció rehabilitar mi mandíbula para corregir el problema de la presión, reconstruir mis muelas quebradas y hacerme una serie de guardas (férulas) protectoras con una técnica que él mismo está desarrollando. Y todo por menos de la mitad de lo que me iba a cobrar la otra pero además con la idea de que le vaya pagando según vaya pudiendo...

¡Me puse feliz! y mi felicidad me duró nada... a mi dentista lo asaltaron por quitarle el móvil y le dieron cinco disparos (es el riesgo de vivir en mi ciudad). No se murió pero perdió un metro de intestino (recibió dos disparos en el vientre, uno en el pecho, otro en un pie y otro en un brazo) y pasará un buen tiempo antes de que vuelva al trabajo. No me importa. Lo voy a esperar...

Hay muchas otras cosas que contarles pero espero conseguir llevar un ritmo de publicación aceptable, ¡me hacen mucha falta! Como le decía a farala el otro día, estoy atrapada en heterolandia...

También me acabo de encontrar con que ¡ya no funciona el reader de google! asi que tendré que poner barra lateral para darme cuenta de sus actualizaciones pero poco a poco...

Sean generosas y visítenme...

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Chamba

Esta palabra se usa mucho en mi país. Es herencia de la lengua de los esclavos africanos que hubo durante la colonia y quiere decir trabajo.
También hay un verbo: chambear, trabajar. Yo chambeo, tu chambeas, ellos chambean...
Esta actividad que cada día menos españoles hacen, afortunadamente en mi ciudad abunda. Tan es así que a menos de un mes de haber llegado, ya me salieron dos chambas extra además de la de tiempo completo que tendré a partir de enero... Cosa que me hace mucho bien.
Ayer termine de revisar la tesis de una chica que trabajo conmigo en la universidad antes de que me fuera a vivir a España. En mi ausencia aprovecho para hacer su doctorado y requería "ojos frescos" para pulir su trabajo... Y me pidió que lo hiciera. Confieso que comencé con cierto miedo de estar demasiado oxidada pero no! Al comenzar fue como sí no lo hubiera dejado y hasta lo disfrute...
Además se paga bien. Con lo que cuesta revisar cuatro páginas, el tratamiento para la gingivitis de Indiana, seis páginas para comprarme una blusa y así por el estilo... Ciento setenta páginas, un extra muy bueno.
La otra chamba me tiene ilusionada. El padre de una amiga es un médico famoso por aquí. Tiene años de querer escribir sus memorias pero no tiene la disciplina para sentarse a trabajar y encima esta convencido de que no sabe redactar, necesita un negro... Y cuando mi amiga me lo contó le dije: pues dile que ya se encontró su negra!
Tengo pensado ir a su casa al menos una vez por semana, entrevistarlo, grabar sus recuerdos y con ese material escribir su historia. Como el no es cualquier persona sino alguien con cierta trascendencia en la medicina de esta parte del país, lo más seguro es que el texto (el libro) se publique. No me pagarán mucho pero es ese tipo de trabajo que se hace más por pasión que por dinero.
Dicen mis sobrinos que Monterrey es la ciudad de las oportunidades y me lo voy creyendo! Me encanta la idea de chambear como y de negra. Seguiremos informando.